miércoles, 27 de agosto de 2008

El guión de una ciudad


Cuento I





















-¡No terminé!¡Guillermo!¡Guillermo, ¿a donde vas?! –gritó enojada.

-¡¡A la mierda me voy, Beatriz, a la mierda!! –.

-¡PAFT! –. De un portazo se cortó la estela que traía por detrás, dejando en el piso del Maral su olor a Kevingston y algunos papeles donde sus bocetos se recortaban contra el fondo.

-No, Pete, ¡la dejé! ¡¿Cómo querés que te explique…?! ¡¿Te hago un diagrama?! –ironizó mientras le daba los últimos retoques a una tabla que sería biblioteca.

-Pero… Perico, dejate de joderrrr, mirá que esa mina no es cómo la otra, que también estaba de joda… mira que esta iba por una relación seria, nene… seguro se pone pesaaadaaaaa…

-Tuuu… Tuuu… Tuuu… Tuuu… Tu¿Hola, Beatriz?

-¡Lula, ay, Lula, gracias a Dios…!

-Son las cuatro de la mañana…

-Sí, sí, es que… me acabo de dar cuenta… tengo un problemita…

-¡¡¿Viste, yo que te dije?!!

-¡¿Me dijiste, qué, Pete?!

-Que esa mina… la rubia, la que dejaste…

-¿Qué?

-Se iba a poner pesada…

Beatriz se dejó caer en el mullido asiento de su manager por segunda vez. Afuera, por detrás de unas ventanas pequeñas, Buenos Aires rugía como Cerbero con sus tres cabezas hambrientas, guardando las puertas hacia la perdición. Lula, vestida como solía hacerlo en su oficina, la miró seriamente, sentada sobre el borde del escritorio. Beatriz dejó la vista por detrás de las cortinas azules, para mirar a la chica. Luego, sonrió infantil.

-Beatriz, tenés cincuenta años no tres, decime que me estas jodiendo. –. Y la mujer, cambió de postura. Su cabello desordenado, de burbujeantes rulos negros y plateados, rozó inquieto sus hombros.- ¡Beatriz!

-Sí, Lula, te estoy jodiendo! –y comenzó, repitiendo, como para señalar la gracia en su enunciado, así:- Si hace año y medio que no escribo sólo es culpa mía, Guillermo no tiene nada que ver en esta cuestión. Por tanto mi idea…

-Batriz, ¿vos te sentís bien?

-Sí Lula…

-Por que… Mira que… –y entonces, la chica se dejó caer en el sofá, a su lado, y tomándose la cabeza con ambas manos, dolida, preguntó con voz amable.- ¿Volviste a tomar?

-¡Noo, Lula! ¡Ya te dije, ni una gota desde hace!… ejem, mes y medio –susurró.- Lula, estoy híper lúcida… yo sé, estoy convencida, que Guillermo, antes de irse la agarró y se la llevó.

-¡¡Beatriz!! –la joven volvió a levantarse y sonó hastiada y asustada.

-¡No, Lula, te juro, te juro que es verdad, estoy noventaynuevecomanueveporcientosegura, que Guillermo, antes de irse…!

-¡La agarró, la agarró! ¡¡¡Pero es imposible!!! ¡¡¡¡IM-PO-SI-BLEEEEE!!!!! ¡¿De dónde Beatriz, de dónde carajo pudo haber…?!

-¡No sé, que se yo! ¡De cualquier lado! De entre los corpiños, de atrás de un portarretratos, de la maceta del lazo de amor, de entre las cortinas…! Vos viste la mugre que juntaban esas cortinas largas como cola de novia, quién te dice que no se había caído y él la manoteó…

-¡¡Betriz, si esto es una excusa estúpida o una escena de celos, andate de acá porque no te va a servir de nada!! –rogó Lula, apoyándose sobre el escritorio para seguir. La mujer miró a su amiga y representante entrecerrando los ojos y frunciendo el ceño.

-¿Celos? ¿Celos de qué Lula? –preguntó suspicaz, haciendo hincapié en cada una de sus palabras, elaboradas en un tono serio y grabe.

-¿Cómo? ¿No sabías nada? –preguntó suavemente.- Claudia. –llamó por el teléfono a su secretaria.- Necesito que me traigas los libros que nos llegaron de Tusquets, por favor. -. Y tras esto se sentó junto a su compañera, observándola recelosa, aunque preocupada, tal vez, por su reacción.

-¿Tusquets…?

-Dejate de joder.

-Mirá Nicolás –Pete lo observó seriamente, dejando a un lado el mate dulce. Hasta la calle, hasta Funes llegaba la bruma de polvillo que nacía de un mar de viruta enardecida y crispada. El taller estaba vacío además de ellos dos y la neblina. Los muebles terminados o a medio terminar esperaban ser salvados del naufragio por los transeúntes que observaban con curiosidad la vidriera pero pronto retomaban su camino. Los troncos se sumergían irremediablemente, dándose por perdidos.- Yo te dije que la rubia no estaba para la joda. Yo sé, hacía un tiempo que habías cortado con Paula y que querías disfrutar un poco, después de haber convivido y todo eso, y que venías con una buena racha, lo que séa. –y entonces sentenció.- Pero Carola no estaba para la joda, Nicolás. No estaba para la joda, esa mina buscaba algo serio y se enganchó con vos… ¿y yo que te dije cuando me dijiste la habías cortado…?

-Pete…

-…que se iba a armar la gorda, eso te dije…

-Pete…

-… que la rubia Carol no te iba a largar así nomás…

-¡Pete, pará!

-¡No me pares a mi, que yo te estoy tratando de ayudar, hermano! “Cuchame”, y “ecuhame” bien: ¿sabés porqué desde que cortaste tenés esta racha de porquería en el laburo, porqué no levantás nada y porqué te duele la rodilla?

-¿Mh…? –. Nicolás “Perico” puso cara de interesado y soltó un irónico:- ¿Y, digo yo, todo eso no se responderá con un “porque ya no tengo dieciocho y los treinta y pico me pegaron fuerte”?

-No, nene, no! –le respondió Pete, haciendo caso omiso a la burla y abriendo grandes los ojos.- ¡Porque te engualichó, la rubia te engualichó!

-¡Tusquets! ¡Tusquets! –y Beatriz hizo temblar todo el piso.

-Señorita Carrazzo, ¿desean un café…?

-¡¡NO!! –le gritaron en estereo a la secretaria, a punto de retirarse.

-¡Tusquets! ¡Tusquets! –y Beatriz volvió a repetir aquel nombre con odio desenfrenado. En sus manos, una novela de sugerente encuadernación negra y título en letras doradas rezaba “Las siete vidas de Lola Aguero”. Su autor, no era otro que… Y entonces Beatriz se agarró la cabeza con las dos manos y su cabello se erizó -¡¡¡Guillermo Adrián Holst y la rep…!!!

-¡¡Beatriz!!

-No puede ser. –se intentaba convencer de aquella realidad con palabras pausadas pero con un alto contenido de repugnancia.- que este tipo… en un año y medio… haya logrado… lo que a mí…me llevó… treinta años… eso demuestra que… él… claro, si nunca tuvo una pizca de talento para esto. –y el rostro de Beatriz se iluminó.- entonces, él… de envidioso, me robó…

-Beatriz, por favor, calmate. Yo sé, como amiga, no como consejera, como amiga, lo que te duele esto…pero no tenés… escuchame …no tenés que prestarle atención a estos echos… ¿entendés? El tipo…

-Me cagó…

-Em… sí… bueno… sí, te cagó, te metió los cuernos, ¡punto final! Lo que haga de su vida, no te tiene que importar más, tenés que pensar en vos, en salir, en disfrutar, en tu novela…

-Sí… –. Beatriz se paró, se desarrugó la pollera. Tomó su cartera y, mirándose en el reflejo de la ventana, se acomodó el cabello. El vuelo rasante de su mano cazó un ejemplar de “Las siete vidas de Lola Aguero”. Se dirigió a la puerta frente a la mirada inquisitiva de su amiga. Y desde allí, justo al momento de abrir, se dio la vuelta para decirle:- Tenés razón, Lula. No estoy pensando en lo esencial… voy a ver a Guillermo para reclamarle lo que es mío…

-Beatriz…

-Además, esto me lo confirma –explicó señalando el libro. Ya de espaladas, se despidió con un- Guillermo Adrián Aguero, nacido sin una pizca de imaginación, no hizo más que robarme el talento.

La mujer tal vez había sido, alguna vez, y sólo talvez, una Esmeralda brillante y provocativa, un espécimen de carnes duras y cabellos negro-azulados. Pero ahora estaba gorda y sucia, y su pelo despedía un fuerte olor a fritanga. Tener que tomar su mano ya de por si era todo un esfuerzo, aún peor si sus uñas pintadas de violeta hurgaban en las suyas con insistencia mordaz.

-Veo… -dijo una vez que pareció entrar en trance. La única luz en la habitación las proporcionaban unas velas dispuestas sobre un mantel de terciopelo rojo todo manchado Dios sabe con que. Alrededor, el esotérico clima se completaba con unas telas doradas, violetas y rojas- Una mujé… de pelo rubio como el sol…

-Ah… sí. Pero nosotros eso ya lo sabemos…

-¡¡¡SHHHHH!!! -le espetaron Pete y la gitana, ella abriendo los ojos, él pellizcándolo en la mano que sostenía la suya.

-Una mujé… rubia como el sol… que te quería musho… má de lo que creía, mi niño…

-Sí, eso ya lo sabemos…

-¡¡¡¡SHHHHH!!!!

-Una mujé… rubia como el sol… que te quería musho… má de lo que creía, mi niño… pero tú, no la quería a esha… por eso, la dejaste…

-Sí, pero lo que…

-¡¡¡¡SHHHHH!!!!

-Pero tú, no la quería a esha… por eso, la dejaste… y entonce su corazón… se le rompió… y shegó el odio pa borrar tu recuerdo…

-¿Ves? Por eso te dije que era la rub…

-¡¡SHHH!! Silencio –pidió la gitana a Pete.

-Es que, señora, mire, todo esto que usted me está diciendo nosotros ya lo sabemos. Yo personalmente no creo… no creo mucho en estas cosas… -se disculpó cuando sintió que la mujer clavaba sus uñas en sus manos.- yo lo que necesito es una respuesta… quiero saber como revertir todo esto, ¿sabe? Y la verdad no creo que usted pueda dármela. Vamos Pete.

-Lo que tú tiene que hashe mi niño –le dijo cariñosa, parándose frente a la puerta- É cambiá esa actitú. Tiene que buscá a la que te iene, la que te encienda. La que detenga todo lo que hay alrededó cuando apareshe… Lo que tú tiene que hashé mi niño, é buscar la buena mezcla… Son cien peso.

-¿Beatriz? –pregunta Guillermo, cuando la ve entrar. No se lo cree. Algo en él se inquieta, él se inquieta, tirita un segundo de rabia y miedo y sale a la carga con una radiante sonrisa:- ¡Pero que sorpresa!

-No entiendo que es lo que te sorprende, Guillermo… -susurra ella. Esta hecha una luz: trae puesto un vestido oscuro y tiene puesto push up. El pelo le cae gracioso sobre los hombros y suspira provocativo cada vez que roza las angostas tiras que sostienen el vestido.

-Bueno… -dice él, recostándose sobre su asiento y señalándole el que tiene enfrente.- Hace un año y medio que no nos vemos… y la última vez que nos vimos, fue con un abogado de por medio. Y no me trataste muy bien que digamos…

-Sí, Guillermo, pero vos sabes como soy yo… de sangre caliente, me gusta mandar, Guillermo… ir arriba… Pero contame de vos, Guillermo, ¿que hay de tu vida? –. Él se muerde los labios antes de contestar. Entre ambos, un escritorio de fina madera se incendia, acorralado entre dos fuegos. El despacho del hombre es limpio y calmo. Con una luz clara que viene de una de las codiciadas ventanas que se disputan en la municipalidad de General Pueyrredón. Hay libros, bastantes libros, sobre una biblioteca llena de pequeños cajoncitos entreabiertos. Hay un tacho de basura y una computadora obscenamente costosa. Y el hombre contesta:

-Nada nuevo. Como sabrás soy el nuevo Secretario de Cultura… supongo que te habrás enterado…

-Sí, por supuesto, te ví en la Feria del Libro…

-Ah, claaaro! –comenta malicioso.- La Feria… me llamó la atención no verte.

-No fui invitada. –contesta, aún con su sonrisa.- De cualquier manera, fui como espectadora, vos sabes… siendo parte del público.

-Claro, claro…

-Y te vi salir, también… Ibas con una chica… la secretaria, bah, por detrás de las dos tetas que le mandaste a hacer, supongo que seguirá estando tu secretaria, ¿no?

-¡Ves! –dice serio y alzando la voz.- ¡¿No podés no, ser un poco más amable?! No podés, por lo menos, por los viejos tiempos…

-¡¿Viejos tiempos?! ¡Seis años de mierda, Guillermo, seis años al pedo!

-¡Beatriz! Estoy en la oficina. Además, si viniste a hablarme de mi relación con Jessica y de mi vida actual… –pidió apretando los dientes, acercándose. Ella se trepó al escritorio y quedaron a centímetros. -

-Te podés ir al carajo, Guillermo; tu vida actual me importa un pito, ¿mentendés? Yo vine para buscar lo que es mío, nada más que eso.

-Beatriz, dejate de joder: ya dividimos todo, no tengo nada que te sirva.

-No te hagas el boludo, Guillermo. Decime ya donde metiste mi talento.

-…

-Qué te pensás, que no me iba a dar cuenta? Tusquets saca un libro a tu nombre y no me voy a enterar. ¿Mecreesidiotami?

-Beatriz… -dice, visiblemente, alarmado, de repente.- ¿Que tomaste…?

-No tomé nada. Dame ya mismo mi talento. –.

-¡¡Beatriz, estas loca!!

-¡¡Devolvémelo, AHORA!! –. Es un segundo, pero a la distancia que están, se vislumbra claramente: el hombre abre y cierra los ojos, pestañea y en ese instante mira hacia un costado, hacia la biblioteca. Y ahí salta ella y él detrás, libros y cajoncitos entreabiertos son arrancandos en una ráfaga de desesperación mal contenida. Se rompen algunos adornos de vidrio, unos portarretratos.

-¡¡¡BEATRIZ!!! –.

Toda la sangre blanca que debía derramarse se ha derramado: una lluvia de A4 y oficio cae en silencio carraspeante, tapando el alfombrado. Y de entre la neblina del confeti, la escena se va aclarando. Beatriz sostiene en sus manos una macetita chiquita, de plástico marrón. Adentro, llora una plantita chiquita, una especie de planta carnosa que se eleva hacia el sol. Pero aquel ser verde agoniza. A la mano de Beatriz, presenta las quejas que un hijo le presenta a la madre cuando llega tarde a la puerta del jardín para retirarlo. Busca la caricia como busca al sol y al agua. La mujer responde con una sonrisa cariñosa, con los ojos llenos de afecto.

-Sos una bestia, Guillermo. La estrangulaste, le sacaste todo. ¡¿No ves que tenés que tratarlo con cuidado, que no podés exigirle mucho de golpe?! ¿Por qué, Guillermo, me robaste el talento y abusaste de él? ¡Ni yo le demando tanto y me pertenece!

-Beatriz… por favor…

-Por favor… sé que es mucho trabajo y en poco tiempo…

-Sí, sí, pero, de hecho… bueno… para que le voy a mentir. –y Perico le acerca una silla. La mujer se sienta. Lleva puesto un traje negro, con una camisa púrpura. Deja en el suelo un maletín, se suelta el pelo agradecida. Lo observa interesada.

Él también. Planta una silla frente a ella y se sienta a una distancia prudencial.

-La verdad, no tengo un pedido tan grande desde hace bastante tiempo… el trabajo estuvo, de flojo a malo, por no decir otra cosa. –ella le sonríe.

-Sí, se a lo que te referís. Hace unos años, en el estudio en donde trabajé toda la vida, también hubo poco trabajo. Por supuesto, eso supone que hubo menos problemas con las obras sociales y la mayoría de los médicos se desempeño como corresponde… -ahora, es él el que sonríe.- … Deberíamos estar felices. ¡Al menos, el sistema de salud ha mejorado! Pero, para nosotros, los abogados, se sabe, que la gente no tenga problemas… significa falta de empleo.

-¿Y ahora?

-No, ahora no. –y sonríe otra vez, casi pícara.- Han surgido algunos casos importantes. Muchos relacionados con obesidad; las obras sociales no la reconocen como enfermedad y, por tanto, no cubren tratamientos muy importantes, tales como… Je, je… disculpá. No vine a dar cátedra de nada. Te vine a encargar unos muebles…

-Esta bien, no me molesta. Es un tema interesante, digo, la profesión en general. Se nota que estás interesada en lo que haces. Siendo, además que, esto que me encargás es para tu primer y nuevo estudio –y ella sonríe.- que seguramente, pones mucho de vos, que te comprometés… ¿te deja tiempo para vivir? –y ella se ríe de buen agrado.

-Siii, por favor. No quiero vivir para trabajar tampoco. Espero formar una familia algún día, no muy lejos, claro. Dedicarle tiempo. Darme tiempo para, bueno, eso que uno hace cuando tiene una familia. Cuando encuentre a la persona adecuada, claro.

-Sí, claro. Por supuesto. Bueno, nos fuimos de tema. Debería, como te dije, sacar algunas medidas… visitar la oficina, el local donde te vas a instalar… charlar bien para saber que es lo que querés vos. –. Ella lo observa con atención, amablemente.- Así tomo medidas, te presento los bocetos, te muestro las maderas más apropiadas, te hago el presupuesto… y, vos decidís.

-Bien, esta bien. Me parece… perfecto. –y sonríe.

Propone un día de encuentro, él un horario. Aceptan. Ella saluda, él saluda, se despiden. Se va, por la vereda del sol. Se va con su vestidito negro, sus rulos y su talento; no volverá la vista atrás en todo lo que le lleve salir del centro de la ciudad: recién cuando tome la costa mirará al mar, caminando derecho hacia el norte, hasta que llegue a French y doble hacia adentro. Unas cuadras más y Perico se dará cuenta de que aún la sigue con la mirada, o, al menos, sigue la estela que dejó con su maletín. Beatriz descubrirá que el gato que siempre alimenta desde su ventana, ha logrado colarse en su casa. No le teme: se le acerca y se refriega contra sus piernas así que Beatriz se pone a pensar, dejando sobre la mesa ratona su talento, regándolo, que, tal vez, no le venga mal tomar algo en compañía de su nuevo amigo. Sólo un poco, disfrutar de lo que beba, sentirlo. Tal vez, recordar. Perico intenta guardar el rostro que acaba de ver, se da cuenta que es de noche. Pero ella es linda: es de esas mujeres que sonríen y todo se ilumina. De esa forma, va cerrando el local. Es de las que tienen carácter, también: se mueve segura y algo altiva como lo haría un tío abuelo vasco que él recordó de momento, mas con la suavidad y la naturalidad de un pájaro que vuela hacia tierras más cálidas. Es inteligente, pero amable. Era Martini seco con jugo de naranja. ¡Sí, eso era! Repite con certeza los pasos para llenar el vaso, las medidas justas. Se sienta en el sillón, coloca los pies sobre la mesa, observa al gato que se trepa a la ventana abierta, miran el cielo estrellado. Sabe, se da cuenta mientras se guarda la lleve y comienza a caminar, rumbo a su casa, que ella trae ojos negros pasionales como de los que se escondes tras un velo, y una boquita delicada de los países más fríos, con el calor más eterno. Sonríe. Beatriz también sonríe. Se acuerda de respirar, en mucho tiempo, encuentra una escena del pasado. Perico mira la noche, la siente gentil, le recuerda algo, pero no sabe a que. ¿Un beso? Sí… un beso. Beatriz piensa que habrá sido de él, del muchacho que conoció, hace tantos años, ya, algunas décadas… ¿cuántas hojas pasaron? ¿Cuántos muebles creo, cuantas astillas se le ahogaron en la piel? ¿Habrá de ser esa la que viene a cambiarlo todo, la que lo “tiene”? ¿Es esa la medida justa, de jugo y Martini?

Beatriz piensa. Bebe de su copa. Se relame satisfecha.

Perico piensa. Espera a que cambie el semáforo. Cruza sereno.

Ambos sonríen.

Levantan la vista.

Y para quién deba oírlos susurran

-Esta sí, es una buena mezcla.

2 comentarios:

rayuela dijo...

Leo y releo, armo, desarmo, rearmo.
Y quiero seguir...!

Rocìo dijo...

GRACIAS!!!!!!!

Sabes que tus criticas y tus consejos siempre son importantes para mi, al igual que nuestras charlas!!


AH; y tus tortas de chocolate ni te cuento!!!!

JAJAJAJAJA!!!

BEsosos!