miércoles, 7 de enero de 2009

El dragón de Nubes



Capítulo
6
Entre vías

- ¿Cómo se llama este corinto, Señor? –preguntó un hada de escasos cuatro años, haciendo reír sus rizos oscuros, acariciando copiosamente a uno de los animales. El joven que los conducía, sujetos a un cinturón especial, respondió cómplice.

- Él es Mad, ¿y tu?

- ¡¡May, ven aquí, vamos a salir en cualquier momento!! –gritó una mujer, y la niña corrió hacia la voz, despidiéndose del hombre, quien ya se acercaba al grupo. Aún divertido los saludó:

- Hola muchachos.

- Hola Giannis.


Lola, Victoria y Tim lo habían buscado por toda la ciudad, hasta que una señora muy aseñorada, les había explicado que Alex Envío ya no se encontraba en Ciudad Julia. El hombre había trasladado su vida a Pueblo Perdido, de modo que, ignorando el plan de Brunilda, los tres iniciaron la marcha hacia la estación de trenes.

La ciudad era un mar calmo, hasta que uno se acercaba a la estación: allí, oleadas de turistas cargaban su equipaje deseosos de visitar aquella zona de playas, hospitalarias y atractivas. Un contingente de jóvenes varietés cruzó por la plataforma topándose con el trío; entre ellos, Lola distinguió a Otis, cargado con las mochilas. Tras él llegaba el joven de los corintos.

- Hola muchachos.

- Hola Giannis. –respondió Lola, mientras Otis repartía las mochilas y los boletos del tren.

Fecha- 15:45 hs

Plataforma Lunaazul - 30

Boleto completo: Ciudad Verde

Bajada: Pueblo Perdido.

- ¿Lo ves? -le explicaba Tim a Victoria, quien nunca había viajado en trenes de turistas- El pasaje completo es hasta Ciudad Verde, pero nosotros descenderemos en Pueblo Perdido para comprar el pegamento. –. Entonces el hombre miró el reloj y sonrió.- Son las tres: llegamos tempra...

- Atención, por favor, último llamado: los pasajeros del tren hacia Ciudad Verde, con escalas en Pueblo Comando, Pueblo Perdido y Maple, dirigirse a la plataforma Luna azul, número 30. Repetimos: los pasajeros del tren…

- ¡No es posible! –dijo Giannis.- Aún no hemos subido los corintos al vagón de carga.

- ¡¡Corran!! –gritó Ale, señalando el camino hacia la plataforma Lunaazul. Un tren silbó.- ¡¡Rápido!!

- ¡Vamos, vamos! –decía Lola, mientras ayudaba a Giannis con los corintos.

Plataforma La hormiga, número 25. ¡¡¡¡¡UUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU…!!!!! (chucu-chucu-chucu)

Plataforma El mundo de Aliciaaaaaa……….26. ¡¡¡¡¡…UUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU…!!!!! (chucu-chucu-chucu)

Plataforma 27777… ¡¡¡¡¡…UUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU…!!!!! (chucu-chucu-chucu)

Plataforma 2888 ¡¡¡¡¡…UUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU…!!!!! (chucu-chucu-chucu)

Plataforma 29999… 30… ¡¡¡¡¡…UUUUUUUuuuuuuuuuuuuuuu…!!!!!

El sonido del tren se perdió. El reloj de Tim dio las cuatro menos veintinueve. Victoria y Ale tomaron aire. Otis continuó un poco más, pero desistió. Lola no cedió y siguió al tren unos cuantos metros más. Giannis dejó de tirar de las riendas de los corintos cargados.

- ¡Maldición –dijo dando una patada en el suelo- lo hemos perdido!



- De cualquier forma el problema es otro: recién mañana encontraremos otro tren a Pueblo Comando y debemos llegar allí lo antes posible. –dijo Ale. Lola miró a los corintos y recordó todo el peso que podían cargar, y la rapidez con que volaban.

El café de la estación era todo un ente trashumante: como un barco boyaba entre las plataformas recogiendo turistas, ofreciéndoles cafés, capuccinos y un sinfín de tortas y sándwiches. Funcionaba día y noche, no había momento en que detuviera su marcha entre los andenes, para tomar ella un descanso y limpiar los enormes ventanales o barrer seriamente. No importaba la suciedad: la tierra que recogía era la de cien mil tierras, de pasajeros llegados de todas las columnas del mundo, desde los imperios más lejanos, desde los mares más profundos. Era tierra de historia, y eso bastaba para convertirlo en un lugar mágico.

Sentados los seis, pensaban, quitando su mirada del paisaje urbano y efervescente. Tim, le pasó una carta a Lola, quien leyó en voz alta.

- Queridos muchachos: Debo contarles que Brunilda está algo atrasada: pasará por Pueblo Tres Marías I, para comprar cabello de sirena. El tren que tomará, partirá el XX de VV a las cuatro de la tarde. En vistas de que el mismo se toma seis horas para completar el recorrido, y la Casa de Brujaz cierra sus puertas a las diez, hay amplias posibilidades de que pierda toda una noche. En caso de que no sea así, deberá llegar a las once a la estación para retomar el viaje hasta Pueblo Comando, lo que llevará seis horas. ¡¡¡¡Así que serán doce horas de viaje para ella y solo ocho para ustedes!!!!. Ahora, deben tener cuidado de no perder el tren en Pueblo Comando (compren lo que deban comprar rápido y corran como Brunilda)

Ya en Pueblo Perdido, les recomiendo que usen los corintos, vayan al Club del Vuelo y alquilen un avión para llegar a la zona de cuevas.

Los quiere mucho, LIli


- Mh… Si habíamos hecho una diferencia, la hemos perdido.

- ¿Saben una cosa?: Para mi Brunilda está metida en todo esto. –dijo Victoria.- Ella estaba en la ciudad en el momento en que nosotros perdimos el ferrocarril; recién a las cuatro abordó. En vez de retrasarlo, adelantó un reloj y aquí nos dejó.

- No importa ya quien fue el culpable: nuestro problema es otro. Recién mañana encontraremos otro tren a Pueblo Comando y debemos llegar allí lo antes posible. Aunque después compartamos el tren con Brunilda... –dijo Ale.

El café giraba sobre si mismo, luego andaba un poco más, hacia allá, hacia la plataforma 15, hacia Los Magos. Los corintos, atados a unas barandas exteriores, por debajo de las ventanas, caminaban junto a él. De vez en cuando uno pisaba a otro y se lanzaban mordiscones con sus temibles picos de loros, pero desistían de comenzar una pelea porque se enredaban más y más en las correas que los retenían. Lola los observó y recordó que, en algún momento, Victoria le había explicado de las capacidades de aquellos animales... recordó todo el peso que podían soportar, y la rapidez con que volaban, aún cargados.

- ¿Existe alguna pista de aterrizaje para corintos en Pueblo Comando?. –preguntó.



- Espero, toc, toc, toc, encontrar, toc, toc, algún frasco con mezcla intacta... toc, toc, toc... Hace años que no prepara... toc, toc, toc, no es un producto muy demandado... Eso me recuerda...

- Me recuerda... –susurró Giannis.- a mi ciudad...

- ¿Tu... naciste en la Isla de Odd?

Cuando Lola explicó su idea, Ale se horrorizó: él odiaba las alturas, y volar en corintos significaba eso, volar... Sin demasiado preámbulo, lo montaron en uno tren directo hacia Pueblo Perdido, y ellos iniciaron la marcha sobre los animales. En cierto punto del viaje, alcanzaron el ferrocarril que los había abandonado en la estación, e, incluso, sobrepasaron su marcha. Lo habían perdido a sus espaldas, deshecho en el horizonte cuando, divisaron Pueblo Comando.

Alex Énvio era una pasa de uva embutida en una camisa violácea y bombachas de campo trigo. Llevaba consigo unos anteojos grandes de marco redondo y negro como la pez, recluidos en el sueño. Cuando Giannis y Lola ingresaron al local, el hombre dormía placidamente sobre un diario de hacía días. Giannis se acercó al mostrador, donde yacía el viejo y tosió. Carraspeó una vez, y luego otra, hasta que...

- Ejem... –dijo a Lola al ver que no había surtido efecto.- Tengo la sensación de que no nos atenderá.

- Yo podría ayudarlos si me quitaran este peso muerto de encima. –explicó una voz grabe que provenía del otro lado del tablero. Ambos se inclinaron y vieron cómo Alex Énvio dormía sostenido por un robusto bastón de pie de marfil.

- ¿Peso... muerto? –preguntó Lola, viendo como el palo intentaba huir de debajo del hombre.

- Es una manera de decir, señorita... aunque es flaco y pequeño, Alex alcanza los cien quilos mientras duerme... –. Entonces Giannis tomó los brazos del hombre y lo acomodó sobre el escritorio; el bastón quedó libre y así preguntó:

- Muchas gracias. Ahora, por favor, ¿que necesitan?

- Buscábamos pegamento para cabello de sirenas.

- Mmmm, creo que algo ha quedado. Toc, toc, toc, toc No recuerdo toc toc hace cuánto toc toc Alex preparó la última toc mezcla. Aguarden aquí. –dijo mientras se dirigía al fondo del local...

Salieron de la tienda con un frasco transparente, repleto de un líquido viscoso y anaranjado:

- Aquí tienen el pegamento.- había dicho el bastón.- Aún no ha pasado a color rojo, no creo que le falte mucho tiempo para que eso suceda, toc, toc, toc. Si llegara a cuajarse antes de utilizarlo, regresen toc, toc, toc, y le encargaré al nieto de Alex que les prepare otro poco, toc, toc, toc.

Era de noche, ya. Apenas tocaron el umbral de la puerta, el bastón apagó las luces y dio la vuelta al cartel de ABIERTO. Era de noche, ya, pero afuera las estrellas habían copado el espacio entre las pupilas y la vista: la noche era una fiesta.

- Me recuerda... –susurró Giannis.- a mi ciudad...

- ¿Tu... naciste en la Isla de Odd?

- No, nací en el Continente. En una ciudad llamada Ullum...

Pueblo Comando, era pequeño, pero tenía un aire a Maple, con aquellas casas, esas con balcones, y balcones, y muchos puentes por los que caminaba la gente, entremezclando su humanidad con plantas y flores colgantes.

- ¿Había construcciones así en tu tierra?

- No, la arquitectura de aquí no se repite en ningún otro sitio... No, no son las casas. Es esto...

Aquí reinaban el color y el calor, aún más asfixiante que en Ciudad Julia: a falta de mar, por las calles afloraban fuentes de agua oscura y dorada donde nacían estatuas de bronce verde y niños y jóvenes mojados. No había brisa para sosegar el encanto del verano: había helados, había besos, había mangas cortas y creppe, había dorados por la noche. Caminaban paseando, se les fueron las horas, como minutos...

- ¿Helado?

- De acuerdo... –dijo Lola, mientras Giannis pagaba en un puesto.- Entonces... ¿Cómo terminaste aquí?

- Es una larga historia...

- Quiero suponer que comienza en Ullum. Y no en un café en Haita... –. Entonces él sonrió.

- Bueno, no puedo decirte que sean dos historias diferentes... Pero sí, comienza en Ullum...

Punto por punto, cada farol iluminaba la claridad de las risas de los transeúntes y de los turistas.

- ¿Me contarás algún día?

- Jajajaja... sí, algún día...

Deshaciéndose los ojos entre colores brillantes se encontraron con la estación, y entraron. Se había hecho tarde, más tarde que la noche: era un nuevo día y la estación se hallaba algo más calma. Allí estaban Victoria y Otis, subiendo a los corintos.

- Pensamos que se habían perdido... jejejeje... Ejem, Tim ha comprado los boletos y despidió un telegrama para Lili... “Urgente.“Tren adelantado en Julia. Volamos Comando con corintos. Llegamos bien. Partimos Perdido” –dijo Otis divertido, al verlos llegar.

- ¿Han cenado ya?

- Sí, en aquel café. ¿Ustedes? ¿Consiguieron el pegamento?. –preguntó Victoria, luego de cargar al último corinto, invitándolos a dirigirse al área de pasajeros.

- Sí. –respondió Lola, mostrándole el frasco. Tim se les acercó con los boletos y los repartió diciendo:

- Veo que lo consiguieron... Temí que no llegaran: el tren parte enseguida. Así que, rápido, rápido, abordemos...

- No sea como la última vez...

- Yo quiero mi asiento junto a la ventana. –dijo Vicky, bostezando.

- ¿Alguna novedad de Ale?

- Sí. Mandó una carta con una zorra... –respondió Otis.

- ¿Una zo...? Nunca voy a entenderlos. –rezongó Lola, arrellanándose en su asiento, cansada y hambrienta.

- Descuida, ya comprenderás... –le sonrió Tim tendiéndole la carta:

- Queridos Amigos –leyó Lola- Les envío esta carta a medio camino de Pueblo Perdido, desde un alto en el camino. En el tren me he encontrado con una viejecita muy amable que resultó ser una tía de mi madre. Estelado es más pequeño de lo que parece, ¿no lo creen así? Herminia me ha ofrecido su casa en Pueblo Perdido para que pase la noche, de manera que, no tendré que preocuparme por conseguir alojamiento. Simplemente, esperaba que me confirmaran si abordaron el tren de la madrugada...; si es así los buscaré en la estación por la mañana.

Ah, y algo más. Si no me equivoco, ese tren de madrugada, es el mismo que cruza los pueblos Tres Marías y que Lili nos había nombrado en su carta anterior. Por tanto, en el mismo expreso que ustedes, viaja...


Lola intentó terminar, pero no pudo. Como los demás se había quedado dormida.



9 comentarios:

lunaazul dijo...

Me ha gustado el cafe de la estación, ese cafe flotante, me encantaría tomar algo en él.Es un mundo tan mágico, que derroche de imaginación. Precioso.
Hasta el proximo capítulo. Besos.

Rolalola dijo...

Muchas, muchísimas gracias, Lunazul!!! Es muy bueno para mi saber que te vienes desde España a leer lo que escribo, saber que te gusta, pero, por sobre todo, algún día, tendré que retribuírte el tiempo que te robo!!!

Y no quería dejarte este mensaje en tu blog porque sería andar armando lío sin sentido y, para peor de males, soy la menos indicada para dar consejos de este tipo (hoy de hehco, tuve una charla relacionada con "la vida y el arte" con Rayuela), pero tenía que decirrrrrrrrlooooo:

No sólo me gusta lo que escribes, sino que escribes bien: lo haces con sentimiento, lo sabes transmitir, y esas cosas son básicas para hacer de un texto una obra literaria. El resto, viene con la vida: no inviertas dinero más que en comprar libros o pagar la cuota de la biblioteca; mejor, y por sobre todo, invierte tiempo. Tiempo en leer, leer y leeer, en escribir, en buscar en las mesas de saldos y en los anaqueles más caros, en borrar, en releer, en gritar, gasta tus minutos en escribir con sangre, en tachar y sacar flechas hacia los costados, gasta las horas en pensar tu historia, o transcribirla, gasta los cuadernos y las lapiceras; hasta que las teclas del teclado bailen solas al menos movimiento, tortura al maldito periférico de entrada, tomate el tiempo de criár tu estilo, en odiarlo y quererlo; en releer tus historias (cuentos, poemas, delirios y novelas) años después. Y por sobre todo, jamás gastes tu tiempo en escuchar a poetas y escritores como yo: querremos marcarte el camino y, en este mundo la verdadera senda es la que cada uno se construye.

Te envío un café con espuma marfil que compré en el café de la estación, y unos besos que se olvidó una pareja de turistas enamorados, que rescaté en la Oficina de Extravíos.

lunaazul dijo...

Rolalola, mil gracias, comentarios como el tuyo sube la moral y no puedo evitar emocionarme.
Escribir bien es lo mínimo que debe hacer un escritor, la palabra es su herramienta para crear. Lo importante en mi opinión es el tono, el sentimiento,la sensibilidad con que se escriba.Como tu dices, hay que desgarrarse el alma, encontrá lo que hay de único, exclusivo en ella y vomitarlo. En el arte creo que todo está hecho, lo que nos queda es la manera peculiar y única con que miremos el mundo y seamos capaces de transmitirlo.

Que lindo el café con espuma de marfil, delicioso y el beso de los enamorados me lo guardo en el corazón.
El tiempo que te dedico lo haga encantada, la verdad es que ni lo noto.
Un beso enorme y otra vez mil gracias.

rayuela dijo...

Hermoso café (me recordó Bagdad Café),"la tierra que recogía era de las mil tierras" me mató!

Y en ese tren viaja....no temas,no lo diré!


Habría un capuccino con agua de Armilla,y perfume de sándalo para mí, por favor?O si no, un té de jazmín está bien...

Besos! Desde Pueblo Zigurat!

trenazul dijo...

Qué felíz el final de este capítulo; por fín ellos exploradores de la mágica y magnífica región islera de Odd, pudieron subir al tren de la madrugada y quedarse dormidos, ya despreocupados de poder perderlo...

:) y ya están en el tren.. me los imagino en un coche con asientos rebatibles de clase turista, esforzándose grandosiamente por encajar en las cuerinas acolchonadas pero por demás de cuadradas, en un par asientos enfrentados, de esos en los que pueden sentarse tres peronas juntas... Me satisface mucho :))

Y por otro lado, me parece haber encontrado que esta parte

- Espero, toc, toc, toc, encontrar, toc, toc, algún frasco con mezcla intacta... toc, toc, toc... Hace años que no prepara... toc, toc, toc, no es un producto muy demandado... Eso me recuerda...

- Me recuerda... –susurró Giannis.- a mi ciudad...

- ¿Tu... naciste en la Isla de Odd?


está "colada" entre un párrafo que no le corresponde, después de un espacio de unos dos renglones. Me parece porque no logré entender esa parte, y me pasó algunas veces que mientras voy redactando voy copaindo y pegando, y a veces se filtran esos errores. Fijate si es así, y sino es porque de puro gil que soy, no entendí algo y lo supongo como error.

Después, te comento también que me introduje en un viaje entre los capítulos anteriores para recordar algunas partes que son fundamentales para ir entendiendo la historia... es una linda experiencia,, una intertextualidad forzada por la publicación de capítulos alejados en el tiempo... que le pone una magia diferente y hace sentir la diferencia entre leer un libro y un blog.

Un saludo Rola,, y muchas gracias por prestarnos a la lectura este viaje!!

trenazul

Liliana dijo...

Hola Rocío, vine a decirte que te puedes quedar con el policía, creo que ya convencí a los otros para que tu seas la ganadora de la rifa,ok?....una preguntita, qué hiciste con los tamales que traía para Rayuela y CeLes?,....me puedo ir ya???....^_^

besitos de secuestrada!

CeLeS! dijo...

y si me quiero guardar algo, qué???!!




Yo quiero guardar para mí un pedacito de la Isla de Odd, un café en la estación, un hada pequeñita, una corrida a la plataforma Lunaazul, esos puentes colgantes, colores, muchos colores, un corinto y un poquito de bostezo, que el viaje a Pueblo Perdido es mágico y cansador...




Proxima estación?

Christian dijo...

Devuelvo visita, no pensé jamás que me ibas a tender tan sutil trampa de lectura... me envicie en pocos minutos. Un placer muy disfrutable, querida.

Liliana dijo...

Ro, dónde andas?...estas perdida??...llamamos a la policía??...tú diras...


besitos